martes, 26 de marzo de 2013

‘Poeta en Nueva York’ tal y como García Lorca lo concibió

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Ve la luz ‘Poeta en Nueva York’ tal y como García Lorca lo concibió

Publicado por primera vez el poemario manuscrito entregado por el poeta antes de morir

Apuntes manuscritos de Lorca sobre 'Nacimiento de Cristo'.

Cuando Federico García Lorca fue la víspera del día 13 de julio de 1936 al despacho de José Bergamín y no lo encontró, le dejó una nota manuscrita: “He estado a verte y creo que volveré mañana”.
Mañana fue nunca.
El poeta partió a Granada pocos días antes de que estallara la guerra. Creyó, inocente, que allí se encontraría más seguro.
Lo que le dejó a su editor encima de la mesa en la redacción de la revista Cruz y Raya fue el original manuscrito, mecanografiado, ordenado por partes y estructurado en 35 poemas y 10 secciones de lo que acabaría siendo una obra maestra que cambiaría para siempre la literatura: Poeta en Nueva York. El resto de la historia es conocida; Lorca murió, el original pasó por toda clase de vicisitudes y nunca, hasta ahora, se había publicado en el orden indicado por su autor.
El texto no apareció hasta 2003. Lo compró por 194.000 euros en una subasta la Fundación García Lorca. Hasta ese día de junio, las polémicas y el misterio habían rodeado las auténticas intenciones de Lorca. La editorial Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores hará llegar a las librerías la semana que viene la versión que al poeta le hubiese gustado tener entre las manos. Se acompaña un estudio minucioso del profesor de la Universidad de Virginia Andrew A. Anderson y reproducciones de los originales donde se puede leer el texto escrito a mano y las correcciones sobre las piezas mecanografiadas.
La fundación compró el original en 2003 en una subasta
El libro iba a titularse por consejo de Pablo Neruda Introducción a la muerte. Demasiado premonitorio, pero inevitablemente veraz. Luego fue suavizado. La realidad, no tanto. El resultado es una obra inacabada —autor y editor hubiesen llevado a cabo un trabajo conjunto para darle la forma definitiva—, aunque no por ello menos valiosa, menos impactante, menos crucial.
El libro se iba a llamar ‘Introducción a la muerte’, por consejo de Neruda
La epopeya del manuscrito es digna de un relato épico. Cuando estalla la guerra, Bergamín se lleva al exilio los poemas concebidos en la Universidad de Columbia en 1929. “Lorca quiere que se incluyan la gran mayoría, pero no todos. A los sobrantes se les ha dado en llamar huérfanos”, afirma Anderson.
Intenta publicarlo en París, pero el ajetreo de su nueva vida en el extranjero y, muy probablemente las dudas o la imposibilidad de hallar algunos poemas que Lorca indicó que se incluyeran sin dejar copia, impidió que la empresa llegara a buen puerto. En ese tiempo, sin embargo, se realizaron dos versiones mecanografiadas que sirvieron para las primeras ediciones.
'Ruina', con la última estrofa tachada.
Después viajó a México: “Allí, Bergamín le regala el manuscrito a Jesús de Ussía, que había apoyado económicamente su editorial Séneca. Años más tarde, cuando Ussía sale de México, lo deja con otras posesiones suyas almacenadas a cargo de un pariente, Ernesto de Oteyza”, comenta Anderson. Su viuda se lo regala a su vez a la actriz Manolita Saavedra que lo guarda en su casa de Cuernavaca hasta los años noventa. Cuando se da cuenta de que se trata de una pieza muy buscada, decide venderla. Sale a subasta en 1999, pero no es hasta 2003 cuando lo adquiere la fundación.
A partir de entonces ha sido cuidadosamente estudiado. Allí se encontraban las respuestas a las polémicas padecidas por Bergamín por haber, según muchos, traicionado las intenciones del autor. Hubo decisiones que tomó por pura necesidad, ya que algunos poemas, como Crucifixión —adquirido en subasta por el Ministerio de Cultura en 2007—, no se pudieron incluir porque estaban perdidos. Pese a que Lorca reclamó el original de Crucifixión a Miguel Benítez Inglott, a quien se lo había regalado, el poeta no obtuvo respuesta. “En general, las críticas no han sido justas. No conocíamos todos los detalles del proceso y sin esa apreciación es difícil juzgar”, agrega Anderson.
La versión mexicana es la que mayor polémica ha generado
La historia de la publicación de Poeta en Nueva York también es digna de ser contada. Desde 1930 a 1935, son incontables las alusiones al libro escrito durante su viaje a EE UU y que Lorca pensaba publicar. Pero la guerra truncó aquella necesaria última conversación entre autor y editor. Desconocida la fuente principal por los expertos, sin completar la lista de poemas que a Lorca le hubiese gustado incluir —algunos se habían dado a conocer en revistas y otros los había regalado a amigos—, la recopilación costó lo suyo e incluyó 32 poemas.
Pero vio la luz. Primero en Estados Unidos y más o menos en la misma época en México, adonde Bergamín había llegado con una delegación de la Junta de Cultura Española, de la que fue primer presidente. En México, Bergamín fundó la editorial Séneca, fiel a los principios de Ediciones del Árbol, donde hubiese sido publicado el poemario en España.
Al estallar la guerra, Bergamín se llevó el texto consigo al exilio
Durante su estancia en Estados Unidos le ofreció la primicia mundial a William Warder Norton para sacarlo a la luz en Nueva York. La versión mexicana es la que mayor polémica ha generado. Pero sobre todo fue, según Anderson, por el trabajo de edición efectuado por Emilio Prados. En palabras de este estudioso, Prados cambió varias cosas, corrigió la puntuación e incluyó apéndices.
Pese a tanto contratiempo, la huella de la obra ya comenzaba a marcar su camino. “Ha inspirado a muchos poetas de distintas nacionalidades y en distintas épocas. Con Residencia en la tierra I y II, se produce el parangón de cierto tipo de estilo vanguardista en estos años. Bajo muchos aspectos, se trata de un texto muy comparable con La tierra baldía de T. S. Eliot. Gracias a la segunda traducción al inglés, de 1955, ha influido en muchos poetas estadounidenses”, asegura Anderson.
Primera página, 'Poema doble del Lago Eden'.
Hoy, tras una vida llena de trasiego, interrogantes y polémicas, el público tiene acceso a, si no la última, sí la penúltima palabra de Lorca acerca de la concepción definitiva de su obra más abierta, universal y sin embargo enigmática. “Asesinado por el cielo”, escribía el poeta en el primer verso de Vuelta de paseo, mientras escudriñaba su soledad y su asombro en su estancia de la Universidad de Columbia, donde parió la mayoría de estos poemas.
Resucitado ahora para su definitiva posteridad con la edición que él soñó, descansa el poeta quizás, donde quiera que esté, un poco más en paz.

Un viaje mítico

La portada estadounidense de la obra.
Federico García Lorca dejó España por primera vez en su vida en el verano de 1929.
Tras un fugaz paso por París, el poeta llegó a Nueva York, donde pasó al menos nueve meses. Se alojó en la Universidad de Columbia.
En marzo de 1930 partió en tren rumbo a Cuba. Desde Key West en Florida tomó un ferry que lo llevaría a La Habana, ciudad donde pasó unos tres meses.
Un transatlántico llevó de vuelta al escritor (y al manuscrito que ahora ve la luz) a Cádiz en julio de ese mismo año. De vuelta en España, no tuvo prisa por editar Poeta en nueva York.

Lorca toma Nueva York

Lorca toma Nueva York

El programa 'Lorca in New York: A Celebration' inundará la 'Gran Manzana' de actividades dedicadas al poeta

26.03.13 - 00:12 -

'Back Tomorrow: A poet in New York. Federico García Lorca', organizada por la Fundación Federico García Lorca, Acción Cultural Española y The New York Public Library, es la exposición con la que se inaugura el próximo 5 de abril el programa de actividades 'Lorca in New York: A Celebration', diseñado para homenajear esta primavera la obra del poeta granadino.
Comisariada por Christopher Maurer y el catedrático de Literatura de la UGR Andrés Soria Olmedo, plasma el proceso creativo que Lorca siguió en la composición de 'Poeta en Nueva York'. Y lo hace a través de sesenta piezas entre manuscritos de primeros borradores y copias en limpio, libros raros, alegres cartas que enviaba a su familia mientras los escribía, efectos personales como el pasaporte, la guitarra o la libreta de ahorros, dibujos y fotografías.
Por primera vez se mostrará al público el manuscrito de su obra acompañado por los dibujos que el granadino realizó durante su estancia en la ciudad estadounidense. Además podrán verse importantes documentos de la New York Public Library, entre otros, manuscritos de Walt Whitman y T. S. Eliot.
'Lorca in New York: A Celebration' se centra en un período breve pero prolífico de la vida del escritor, en los años 1929 y 1930. Lorca viajó a Nueva York en un momento vital crítico: se había distanciado hacía poco de su amigo íntimo Salvador Dalí, estaba obsesionado y dolorido por la ruptura de una relación amorosa -la mantenida con el escultor Emilio Aladrén- y luchaba por ser coherente, en su condición de homosexual, con la imagen de figura pública que por entonces ya era. La metrópoli le ayudó a poner distancia física y emocional con su tierra y su desamor y a escribir uno de los poemarios imprescindibles de la poesía contemporánea española. Se matriculó en Columbia University y recorrió Nueva York desde Harlem («la ciudad negra más importante del mundo») a Wall Street, donde sería testigo del 'Crack' de 1929.
En julio de 1936, tras años de meditar sobre el título, el contenido y la estructura de su poemario, Lorca llevó el manuscrito a la editorial del escritor José Bergamín, Ediciones del Árbol. Pero ese día su amigo estaba fuera de su despacho, de manera que Lorca dejó sus cuartillas con una nota que decía «volveré mañana», pero jamás regresó. Como todos los años, por San Federico, el 18 de julio, regresaba a Granada, donde le sorprende la sublevación militar de 1936 contra la República. En el plazo de un mes, Lorca, progresista, cercano al socialismo, firmante de varios manifiestos de apoyo al Frente Popular y odiado por su homosexualidad, fue arrestado y asesinado por orden de uno de los generales de Franco.
Cuando en 1940 finalmente se publicó 'Poeta en Nueva York', estos versos terminarían por cambiar el rumbo de la poesía tanto en España como en América.
Todo esto lo cuenta 'Back Tomorrow: A poet in New York. Federico García Lorca', donde se detallan las causas que motivaron su viaje, los paseos por las calles de Manhattan, la asistencia a las aulas de Columbia, la búsqueda del 'duende' en la cultura neoyorquina, el despertar ante la sociedad masificada de la realidad industrial en la gran ciudad, la acogida que sintió en Harlem, el horror del Wall Street de 1929, la escapada a Cuba, el proceso de escritura y las ilustraciones paralelas e incluso el largo y difícil camino hacia la publicación. Toda esta compleja evolución y sus implicaciones están presentes en esta muestra que podrá verse hasta el próximo 20 de julio.
«Hemos seguido la idea fundamental que sirve para plantear una programación en torno al legado literario que custodia la Fundación García Lorca», señala la directora de la institución lorquiana, Laura García-Lorca de los Ríos. «Partiendo de una serie de papeles, que en este caso componen el libro de 'Poeta en Nueva York', presentamos una exposición en la que el público puede tener un contacto directo con la obra», añade la responsable de la fundación dedicada al poeta granadino.
'Poeta en Nueva York', según Laura García Lorca, «tiene la añadida riqueza de una faceta plástica, con esos impresionantes dibujos tan ligados al texto, la parte personal y familiar que está en las cartas, el entorno literario y el contexto histórico». En palabras de Laura García Lorca «es la primera vez que en Nueva York se dedican meses de programación a un poeta de lengua española».
Ciudad 'enlorquecida'
El programa 'Lorca in New York: A Celebration' se compone de una treintena de actividades que se desarrollarán entre el 5 de abril y el 20 de julio de 2013 en diferentes espacios de Manhattan. Muchos de estos encuentros indagarán aspectos diversos de 'Poeta en Nueva York'. Paralelamente, se publicará una nueva edición del poemario, aumentada y revisada, con el sello editorial Farrar, Straus and Giroux, que ha estado a cargo del especialista Andrew Anderson. Es la edición crítica definitiva en la que se verán publicado por vez primera todos los poemas, aquellos recogidos en los manuscritos de 'Poeta en Nueva York', y otros que fueron publicados en revistas perdidas e incluso alguno de ellos encontrado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
Coincidiendo con la exposición en la New York Public Library se desarrollarán diversas actividades por la ciudad. Con el encuentro de lecturas poéticas Young Spanish-speaking poets of New York read Lorca in Spanish and English, que tendrá lugar en el Bowery Poetry Club el 7 de abril, el público disfrutará de sus versos leídos por jóvenes poetas.
El 8 de abril se descubrirá una placa conmemorativa en Columbia University, acto acompañado de una conferencia de Gonzalo Sobejano. El día 9 se celebrará la mesa redonda 'American Lorca' en el King Juan Carlos I Center y el encuentro de jazz 'The Concert for García Lorca', interpretado por el pianista Ben Sidran. El día 16 se inaugurará la exposición 'Echoes of Eden. Federico García Lorca and Philip Cummings in Vermont' y una performance de la artista Joan Jonas en CUNY.
Este programa culmina con dos espectáculos: el 4 de junio, la teatralización de la conferencia 'Un poeta en Nueva York' que el poeta granadino dictó tras su regreso de la «ciudad de los sueños», interpretada por Will Keen bajo la dirección de María Ache, y un encuentro de artistas, músicos, escritores en torno a la palabra de Federico García Lorca en el prestigioso programa dirigido por Paul Holdengräber, 'Live from the NYPL'. Y el 5 de junio, día del cumpleaños de García Lorca, tendrá lugar un concierto de Patti Smith en el Bowery Ballroom.

sábado, 16 de febrero de 2013

Muere Manuel Fernández-Montesinos, el recuerdo de García Lorca Presidía la fundación que conserva los manuscritos del poeta granadino Mario Hernandez 19 ENE 2013 - 22:42 CET1

Muere Manuel Fernández-Montesinos, el recuerdo de García Lorca

Presidía la fundación que conserva los manuscritos del poeta granadino

Manuel Fernández-Montesinos.

Manuel Fernández-Montesinos, fallecido en las últimos momentos del 18 de enero, y nacido en 1932, fue niño en Granada y, ya con ocho años, niño en Nueva York, en medio el desgarrón y la ruptura de una guerra civil que sería entonces incomprensible para sus ojos y entendimiento infantiles. En 1940 embarcaba con su madre y abuelos maternos en Bilbao con rumbo a un mundo nuevo y mejor que el atroz que dejaban tras ellos. Le faltaba ya al niño su padre, como a su madre el marido, alcalde de Granada fusilado en los primeros días de la Guerra Civil contra las tapias del cementerio de la ciudad; les faltaba también quien había sido para ellos tío y hermano e hijo, el poeta Federico García Lorca, también asesinado por los mismos días. Ninguno de los dos, en la plenitud de sus vidas, había alcanzado los cuarenta años.
Estoy viendo ahora una foto de un año antes, del verano de 1935. Está hecha en la puerta de la casa de campo que la familia tenía en los alrededores de Granada, la conocida como Huerta de San Vicente. Entreabierta una hoja, en el vano se recorta la figura sonriente del poeta, vestido con un mono obrero de trabajo, como el que había adoptado para el teatro de La Barraca, pero con zapatos de cuero bien lustrados. Dos niños le flanquean en primer término y sobre ellos se extienden, amparadores, los brazos desnudos de su tío. La niña, Tica Fernández-Montesinos, con un vestido de rombos, le coge una mano con las dos suyas; el niño, su hermano Manuel, está plantado con las piernas separadas y los brazos sueltos a los lados del cuerpo, en actitud de quien mira al mundo derechamente, a pesar de sus tres años apenas cumplidos. Ese niño de cara despierta viste una chilabita con capucha, y es claro que se ha cubierto la cabeza con ella por broma o juego, pues estamos en pleno verano granadino, como denota el mono entreabierto del poeta, que muestra el pecho desnudo, sin camisa. Quizás esa chilaba del niño es un regalo de alguno de sus tíos, Federico o Francisco, el segundo entonces con primer destino en Túnez como vicecónsul. En aquellos días el poeta ha terminado una comedia, Doña Rosita la Soltera o El lenguaje de las flores, que se estrenará en diciembre de ese mismo año en Barcelona con éxito rotundo. La foto la realiza un escritor gallego, Eduardo Blanco-Amor, que prepara un artículo sobre Lorca y su obra para La Nación, el gran periódico de Buenos Aires. El hachazo abrupto en la vida de todos, y en la de esa familia, apenas se barrunta, pero en esa fotografía, como en otras de aquel tiempo «anterior», se vislumbra el recio sentido familiar que ata y religa a los García entre sí, ya parte indisoluble de ellos los Fernández-Montesinos.
Fue diputado por Granada en el primer Parlamento de la democracia
Pasan once años. Aquel Montesinos niño ha sorbido por todos sus poros la vida americana cuando vuelve a una España que no reconoce, pero en la que va a licenciarse en Derecho. En Barcelona asiste a la primera corrida de toros de su vida, y la afición prende en él para siempre. Los estudios posibilitan la participación en lo que se llamaba la "agitación estudiantil", que en este caso conlleva el tribunal de Orden Público y el ingreso en la cárcel de Carabanchel, junto con otros compañeros de inquietudes y penas. Ya no solo tiene amigos neoyorquinos, sino que ha empezado a tenerlos en España, en cuya vida participa con peligro para su integridad física. Se impone tomar el aire en otras tierras. Montesinos desembarca en la Universidad de Frankfurt para lograr el doctorado e inicia una estancia en Alemania de doce años, otra vez con inmersión profunda en la vida y cultura del nuevo país al que llega. Con el tiempo se convertirá en activo colaborador del poderoso sindicato metalúrgico alemán, con el que trabaja para la afiliación y defensa de los trabajadores españoles en Alemania. Son años de intensa actividad sindical y política, que se ramifica hacia España, con paso por París y la costa vascongada. Y de nuevo, como cuando era niño en Nueva York, Montesinos tiene que hacer de intérprete y mediador lingüístico por su refinada habilidad para los idiomas y su mismo don de gentes.
La militancia socialista de su padre se ha hecho consustancial a su vida, lo que conllevará ración doble de Carabanchel, pero, tras su paso por nuevos trabajos, en 1977 se convierte en diputado por Granada en el primer Parlamento de la democracia. No termina ahí su andadura. Asentado en Madrid, inicia otra carrera universitaria, la de Filología Española en la Complutense, y salta a la secretaría y luego dirección de la Fundación Federico García Lorca, creada con el acuerdo legal de los herederos del poeta granadino, quienes donan todos sus manuscritos y obra gráfica que poseen, así como tres cuadros de Dalí. La múltiple actividad de otros tiempos se encauza y remansa poco a poco, hasta que el círculo familiar y los amigos le empujan a la escritura de una autobiografía, Lo que en nosotros vive, que edita Tusquets en 2008. El libro aparece dedicado a su mujer y dos hijas, que habían coronado su vida. Montesinos se revela como escritor con un sabroso, riquísimo y ameno español. El dominio plural de culturas y lenguas se asienta en él sobre un sólido suelo de raíz granadina y española, abierto el escritor, como lo fue el hombre, a gentes, melodías, letras, ciudades y dichos. Quien fue hombre de tantas tierras y vida, de tanta jovial simpatía y capacidad de ilusión emprendedora, nos deja ahora, tras su muerte, el consuelo veraz de su memoria duradera.
 Mario Hernández es catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.
 http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/19/actualidad/1358631768_233403.html

Memorias de Manuel Fernández-Montesinos

Memorias de Manuel Fernández-Montesinos


Manuel Fernández Montesinos, con C. Maurer y Mario Hernández
Todavía conservo el viejo longines de mi abuelo paterno; parece ser que los abuelos antes llevaban un longines.... 
Hace tiempo que tenía esbozada una entradilla que diera noticia de las memorias de Manuel Fernández-Montesinos (Lo que en nosotros vive), a cuya presentación en el Círculo de Bellas Artes no hace mucho pude asistir, y que luego paladee con gusto: escritas con gracia y nervio empiezan como novela y recorren una historia vivida, reconocible, cercana. Entre quienes presentaron las memorias se encontraba Mario Hernández, autor de la entrañable, ajustada nota necrológica que hace bien poco despidió en El País al autor. En la foto –mía– que encabeza la entrada, MFM lee unas páginas en el homenaje a Mario Hernández, a su derecha, Christopher Maurer. Todavía coincidí con él en la Fundación Mapfre, con motivo de un acto sobre poesía actual, organizado por Blanca Andreu y con lecturas de Rafael Juárez, el gran poeta granadino.
Creo que se puede leer en la foto la página inicial de las memorias, recuerdos del niño que embarca en Londres, con el longines de oro de su abuelo en el bolsillo, rumbo a América, y que recibe el mazazo de un comentario de su abuelo –"No quiero volver a ver este jodío  país en mi vida"– que convierte el triunfo y la aventura en huida y desolación. Es un ligero comienzo in media res, para desplegar un lienzo lleno de vida, sobre un telón de fondo –el de la España franquista– que rezumaba tristeza y apartamiento, pasando por Estados Unidos, México, Castillejo (un pueblo toledano donde cumplió algo parecido a la prisión), Frankfurt.... El lector sigue las peripecias llevado por los comentarios del autor, que siempre superan la amargura y el posible odio, con la secreta advertencia de que Federico García Lorca está al fondo, lo que en muchas ocasiones es cierto –desde luego–, pero sin pugna ni contradicción: son las memorias de este leguleyo educado en Alemania y promotor de las asociaciones de UGT las que al cabo terminan por interesarnos tanto o más que sus obligadas referencias a FG Lorca.