Justamente cuando escribo estas líneas, la España oficial celebra muchos -¡tantos!- años de insurrección cumplida. En este momento, en Madrid, el Caudillo vestido de oro y azul, rodeado por la guardia mora, junto al embajador norteamericano, al de Inglaterra y a varios más, pasa revista a las tropas. Unas tropas compuestas en su mayoría, de muchachos que no conocieron aquella guerra.
Yo sí la conocí. ¡Un millón de españoles muertos! ¡Un millón de exilados! Parecería que jamás se borraría de la conciencia humana esa espina sangrante. Sin embargo, los muchachos que ahora desfilan frente a la guardia mora, ignoran tal vez la verdad de esa historia tremenda.
Todo empezó para mí la noche del 19 de julio de 1936. Un chileno simpático y aventurero, llamado Bobby Deglané, era empresario de catch-as-can en el gran circo Price de Madrid. Le manifesté mis reservas sobre la seriedad de ese «deporte», y él me convenció de que fuera al circo, junto con García Lorca, a verificar la autenticidad del espectáculo. Convencí a Federico y quedamos en encontrarnos allí a una hora convenida. Pasaríamos el rato viendo las truculencias del Troglodita Enmascarado, del Estrangulador Abisinio y del Orangután Siniestro.
Federico faltó a la cita. Ya iba camino de su muerte. Ya nunca más nos vimos. Su cita era con otros estranguladores. Y de ese modo la guerra de España, que cambió mi poesía, comenzó para mí con la desaparición de un poeta.
¡Qué poeta! Nunca he visto reunidos como en él la gracia y el genio, el corazón alado y la cascada cristalina. Federico García Lorca era el duende derrochador, la alegría centrífuga que recogía en su seno e irradiaba como un planeta la felicidad de vivir. Ingenuo y comediante, cósmico y provinciano, músico singular, espléndido mimo, espantadizo y supersticioso, radiante y gentil, era una especie de resumen de las edades de España, del florecimiento popular; un producto arágibo-andaluz que iluminaba y perfumaba como un jazminero toda la escena de aquella España, ¡ay de mi!, desaparecida.
A mí me seducía el gran poder metafórico de García Lorca y me interesaba todo cuanto escribía. Por su parte, él me pedía a veces que le leyera mis últimos poemas y, a media lectura, me interrumpía a voces: « ¡No sigas, no sigas, que me influencias!»
En el teatro y en el silencio, en la multitud y en el decoro, era un multiplicador de la hermosura. Nunca vi un tipo con tanta magia en las manos, nunca tuve un hermano más alegre. Reía, cantaba, musicaba, saltaba, inventaba, chisporroteaba. Pobrecillo, tenía todos los dones del mundo y así como fue un trabajador de oro, un abejón colmenar de la gran poesía, era un manirroto de su ingenio.
-Escucha me decía, tomándome de un brazo-, ¿ves esa ventana?, ¿no la hallas chorpatélica?
-¿Y que significa chorpatélico?
-Yo tampoco lo se, pero hay que darse cuenta de lo que es o no es chorpatélico. De otra manera uno está perdido. ¡Mira ese perro, qué chorpatélico es!
O me contaba que en un colegio de niños de corta edad, en Granada, le invitaron a una conmemoración del Quijote, y que cuando llegó a las aulas, todos los niños cantaron bajo la dirección de la directora:
Siempre siempre será celebrado
desde el uno hasta el otro confín
este libro que fue comentado
por don F. Rodríguez Marín.
Una vez dicté yo una conferencia sobre García Lorca, años después de su muerte, y uno del público me preguntó:
-¿Por qué dice usted en la «Oda a Federico» que por él «pintan de azul los hospitales»?
-Mire, compañero -le respondí-, hacerle preguntas de ese tipo a un poeta es como preguntarle la edad a las mujeres. La poesía no es una materia estática, sino una corriente fluida que muchas veces se escapa de las manos del propio creador. Su materia prima está hecha de elementos que son y al mismo tiempo no son, de cosas existentes e inexistentes. De todos modos, trataré de responderle con sinceridad. Para mí el color azul es el más bello de los colores. Tiene la implicación del espacio humano, como la bóveda celeste, hacia la libertad y la alegría. La presencia de Federico, su magia personal, imponían una atmósfera de júbilo a su alrededor. Mi verso probablemente quiere decir que incluso los hospitales, incluso la tristeza de los hospitales, podían transformarse bajo el hechizo de su influencia y verse convertidos de pronto en bellos edificios azules.
Federico tuvo un preconocimiento de su muerte. Una vez que volvía de una gira teatral me llamó para contarme un suceso muy extraño. Con los artistas de «La Barraca» había llegado a un lejanísimo pueblo de Castilla y acamparon en los aledaños. Fatigado por las preocupaciones del viaje, Federico no dormía. Al amanecer se levantó y salió a vagar solo por los alrededores. Hacía frío, ese frío de cuchillo que Castilla tiene reservado al viajero, al intruso. La niebla se desprendía en masas blancas y todo lo convertía a su dimensión fantasmagórica.
Una gran verja de fierro oxidado. Estatuas y columnas rotas, caídas entre la hojarasca. En la puerta de un viejo dominio se detuvo. Era la entrada al extenso parque de una finca feudal. El abandono, la hora y el frío hacían la soledad más penetrante. Federico se sintió de pronto agobiado por lo que saldría de aquel amanecer, por algo confuso que allí tenía que suceder. Se sentó en un capitel caído.
Un cordero pequeñito llegó a ramonear las yerbas entre las ruinas y su aparición era como un pequeño ángel de niebla que humanizaba de pronto la Soledad, cayendo como un pétalo de ternura sobre la soledad del paraje. El poeta se sintió acompañado.
De pronto, una piara de cerdos entró también al recinto. Eran cuatro o cinco bestias oscuras, cerdos negros semisalvajes con hambre cerril y pezuñas de piedra.
Federico presenció entonces una escena de espanto. Los cerdos se echaron sobre el cordero y junto al horror del poeta lo despedazaron y devoraron.
Esta escena de sangre y soledad hizo que Federico ordenara a su teatro ambulante continuar inmediatamente el camino.
Transido de horror todavía, tres meses antes de la guerra civil, Federico me contaba esta historia terrible.
Yo vi después, con mayor y mayor claridad, que aquel suceso fue la representación anticipada de su muerte, la premonición de su increíble tragedia.
Federico García Lorca no fue fusilado; fue asesinado. Naturalmente, nadie podía pensar que le matarían alguna vez. De todos los poetas de España era el más amado, el más querido, y el más semejante a un niño por su maravillosa alegría. ¿Quién pudiera creer que hubiera sobre la obre su tierra, monstruos capaces de un crimen tierra, y tan inexplicable?
La incidencia de aquel crimen fue para mí la más dolorosa de una larga lucha. Siempre fue España un campo de gladiadores; una tierra con mucha sangre. La plaza de toros, con su sacrificio y su elegancia cruel, repite, engalanada de farándula, el antiguo combate mortal entre la sombra y la luz.
La Inquisición encarcela a fray Luis de León; Quevedo padece en su calabozo; Colón camina con grillos en los pies. Y el gran espectáculo fue el osario en El Escorial, como ahora lo es el Monumento a los Caídos, con una cruz sobre un millón de muertos y sobre incontables y oscuras prisiones.
Pablo Neruda
Confieso que he vivido
miércoles, 21 de abril de 2010
sábado, 10 de abril de 2010
Para una tumba sin muerto
http://www.comunidadinconfesable.com/2010/01/columnista-invitado-para-una-tumba-sin-muerto/
por: Fernando IwasakicerrarAutor: Fernando Iwasaki Sobre el autor: Fernando Iwasaki (Lima, 1961) es autor de las novelas Neguijón (2005) y Libro de mal amor (2001), y de los libros de cuentos España, aparta de mí estos premios (2009), Helarte de amar (2006), Ajuar funerario (2004), Un milagro informal (2003), entre otros. Como ensayista es autor de rePUBLICANOS (Premio Algaba de Ensayo, 2008), Mi poncho es un kimono flamenco (Sarita Cartonera, 2005) y El Descubrimiento de España (Nobel, 1996). Desde 1989 reside en Sevilla, donde es columnista del diario ABC, director de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco y director de la revista literaria Renacimiento. Web:
Todos los textos de este autor (1)
En una misma semana apareció en Madrid un cofre de reliquias cervantinas y en Granada descubrieron que la fosa de Lorca estaba vacía. Puestos a fantasear, a mí me habría hecho ilusión que en el cofre madrileño hubieran aparecido los huesos de Cervantes y que de la fosa de Alfacar hubieran desenterrado cartas, manuscritos, dibujos y primeras ediciones de García Lorca. Qué importa que Federico no hubiera poblado jamás aquella fosa, si todavía vive en las bibliotecas y en los manuales escolares, aunque ciertos políticos necesitan sus escombros para lo mismo que Franco quería el brazo de Santa Teresa.
leer más...
Publicado en Columnario. Enero 2010
Etiquetas: Columnista invitado
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por: Fernando IwasakicerrarAutor: Fernando Iwasaki Sobre el autor: Fernando Iwasaki (Lima, 1961) es autor de las novelas Neguijón (2005) y Libro de mal amor (2001), y de los libros de cuentos España, aparta de mí estos premios (2009), Helarte de amar (2006), Ajuar funerario (2004), Un milagro informal (2003), entre otros. Como ensayista es autor de rePUBLICANOS (Premio Algaba de Ensayo, 2008), Mi poncho es un kimono flamenco (Sarita Cartonera, 2005) y El Descubrimiento de España (Nobel, 1996). Desde 1989 reside en Sevilla, donde es columnista del diario ABC, director de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco y director de la revista literaria Renacimiento. Web:
Todos los textos de este autor (1)
En una misma semana apareció en Madrid un cofre de reliquias cervantinas y en Granada descubrieron que la fosa de Lorca estaba vacía. Puestos a fantasear, a mí me habría hecho ilusión que en el cofre madrileño hubieran aparecido los huesos de Cervantes y que de la fosa de Alfacar hubieran desenterrado cartas, manuscritos, dibujos y primeras ediciones de García Lorca. Qué importa que Federico no hubiera poblado jamás aquella fosa, si todavía vive en las bibliotecas y en los manuales escolares, aunque ciertos políticos necesitan sus escombros para lo mismo que Franco quería el brazo de Santa Teresa.
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sábado, 27 de marzo de 2010
Desde ayer, Federico García Lorca, Manuel Benítez Carrasco, Pedro Antonio de Alarcón, Eugenia de Montijo, María la Canastera, Elena
El bulevar de la avenida de la Constitución ya alberga a sus estrellas, las que han marcado la historia de Granada. Desde ayer, Federico García Lorca, Manuel Benítez Carrasco, Pedro Antonio de Alarcón, Eugenia de Montijo, María la Canastera, Elena Martín Vivaldi, Manuel de Falla, San Juan de la Cruz, el torero Frascuelo y el Gran Capitán ya tienen sus esculturas en este bulevar, inauguradas ayer.
El alcalde, José Torres Hurtado, fue el responsable de ir descubriendo los mantos de color rojo que cubrían las estatuas, en compañía de descendientes de estos importantes personajes. Los familiares de María la Canastera, en concreto, se marcaron un zapateado flamenco en homanaje a la bailaora del Sacromonte. Otros preferían sentarse en los bancos instalados que permitirán a los vecinos disfrutar del paseo.
Mientras la banda municipal amenizaba el acto interpretando piezas musicales ligadas de una u otra forma a las vidas de los artistas convertidos en bronce, algunas voces pedían más estatuas en el bulevar para personajes como el granadino Francisco Suárez, que marcó la historia de la filosofía. La promesa del Ayuntamiento, en efecto, es la de que esto sea sólo un comienzo de una colección que tendrá más esculturas de personajes importantes por toda la ciudad.
http://www.ideal.es/granada/v/20100327/granada/inauguran-esculturas-bulevar-avenida-20100327.html
El alcalde, José Torres Hurtado, fue el responsable de ir descubriendo los mantos de color rojo que cubrían las estatuas, en compañía de descendientes de estos importantes personajes. Los familiares de María la Canastera, en concreto, se marcaron un zapateado flamenco en homanaje a la bailaora del Sacromonte. Otros preferían sentarse en los bancos instalados que permitirán a los vecinos disfrutar del paseo.
Mientras la banda municipal amenizaba el acto interpretando piezas musicales ligadas de una u otra forma a las vidas de los artistas convertidos en bronce, algunas voces pedían más estatuas en el bulevar para personajes como el granadino Francisco Suárez, que marcó la historia de la filosofía. La promesa del Ayuntamiento, en efecto, es la de que esto sea sólo un comienzo de una colección que tendrá más esculturas de personajes importantes por toda la ciudad.
http://www.ideal.es/granada/v/20100327/granada/inauguran-esculturas-bulevar-avenida-20100327.html
Lorca tendrá por fin una escultura en Granada
El alcalde de Granada ha firmado hoy los contratos para la ejecución de las diez figuras escultóricas que adornarán la recién modelada avenida
19.09.08 - 20:38 -
EFE |
Esculturas en bronce de diez personajes ilustres de Granada, como Federico García Lorca, Manuel de Falla o Frascuelo, adornarán los bancos del bulevar de Constitución que el Ayuntamiento de Granada encargó, tras la remodelación de la avenida, a un grupo de artistas, que tendrán un plazo de ejecución de un año.
Se trata de la primera vez que la ciudad impulsa la iniciativa de que la figura de Lorca cuente con una escultura en la ciudad, según el concejal de Patrimonio y Contratación, José María Guadalupe, para quien de esta forma, "quizá no se salde la deuda contraída con él" pero sí se le reconoce su "categoría humana e intelectual".
El alcalde, José Torres Hurtado, ha firmado hoy los contratos para la ejecución de estas figuras escultóricas diseñadas por cinco escultores, en su mayoría granadinos: José Antonio Castro, Ramiro Megías, Miguel Moreno, Miguel Barranco y Juan Antonio Corredor.
Los personajes que han sido finalmente seleccionados para adornar los bancos en forma de esculturas a tamaño natural son, junto a Lorca, Frascuelo y Falla, Elena Martín Vivaldi; el Gran Capitán; la emperatriz Eugenia de Montijo; Manuel Benítez Carrasco; Pedro Antonio de Alarcón; María la Canastera y San Juan de la Cruz.
Personajes caídos
Del listado de personajes inicialmente confeccionado con la aportación de agentes culturales de la ciudad, se han caído algunos como los Reyes Católicos por la presencia que ya tienen en Granada .
El material empleado en la mayoría de las esculturas será el bronce, aunque en algunas como la del Gran Capitán -la única en forma de busto-, su autor, Miguel Moreno, utilizará la chapa.
El Ayuntamiento ha dado a los arquitectos un plazo de ejecución de un año, por lo que confía en disponer de ellas en el otoño de 2009 para inaugurarlas una vez concluya el proceso de adecuación.
Aunque se ha dado libertad a los escultores en el diseño de los bancos en los que se integrarán las obras, las idea es que las esculturas estén "unidas al banco de alguna forma", según Guadalupe.
El concejal ha subrayado el hecho de que hasta ahora, los personajes seleccionados, "muy queridos" en la ciudad, no hubieran recibido un reconocimiento de este tipo.
Las obras escultóricas, valorada cada una de ellas en unos 36.000 euros, serán financiadas por diez empresas patrocinadoras, por lo que "al granadino no le costará ni un duro", ha dicho el concejal.
El alcalde ha recordado que la iniciativa de instalar bancos en el bulevar de Constitución, recientemente remodelado, da respuesta a una demanda ciudadana, lo que llevó al Ayuntamiento el pasado mes de marzo a convocar un concurso público entre escultores para su diseño, con el requisito de que fueran acompañados de esculturas de personajes ilustres de Granada .
lunes, 22 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
El 27 ya es leyenda Una muestra recorre aspectos esenciales de la generación SANTIAGO BELAUSTEGUIGOITIA - Sevilla - 19/03/2010
El escritor Ernesto Giménez Caballero pergeñó un cartel que se iba a convertir en histórico en 1927. Lo hizo, curiosamente, el mismo año que da nombre a la generación que protagonizó la edad de plata de la cultura española.
El escritor Ernesto Giménez Caballero pergeñó un cartel que se iba a convertir en histórico en 1927. Lo hizo, curiosamente, el mismo año que da nombre a la generación que protagonizó la edad de plata de la cultura española. El cartel, que llevaba por título Universo de la literatura española contemporánea, ofrecía una galaxia de planetas y satélites que retrataba la riqueza cultural de un tiempo irrepetible. Como astros formidables destacaban por su gran tamaño Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Juan Ramón Jiménez o Ramón Menéndez Pidal. Pero empezaban a concitar la atención jóvenes poetas como Rafael Alberti, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre o Jorge Guillén con un brillo todavía incipiente.
El cartel de Giménez Caballero sirve de mapa general de una exposición sobre la Generación del 27 que se inauguró ayer en la Sala Santa Inés (calle de Doña María Coronel, 5), en Sevilla. La muestra ¿Aquel momento ya es una leyenda?, que está organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Consejería de Cultura y la Residencia de Estudiantes, ha pasado por Madrid y se podrá visitar en Sevilla hasta el próximo 20 de junio.
La exposición, que fue presentada por la consejera de Cultura, Rosa Torres, recorre aspectos esenciales de la Generación del 27 a través de la literatura, las artes plásticas, la música, el cine y el teatro. La muestra, cuyo comisario es el catedrático Andrés Soria Olmedo, toma como base temporal los años 1927 y 1928. Dos centenares largos de piezas (maquetas, fotografías, dibujos, pinturas, primeras ediciones de libros, revistas...) sustentan el recorrido. La muestra presenta hitos como los diseños teatrales de Lorca o los dibujos de Picasso alusivos a Luis de Góngora, el poeta cordobés cuyo amor a la palabra más destilada y pura le convirtió en emblema de los autores del 27.
La monarquía de Alfonso XIII se acercaba a pasos ciegos hacia su final mientras los jóvenes escritores llenaban España de revistas que daban cuenta de sus inquietudes. La muestra presenta, así, páginas de La Gaceta Literaria, Revista de Occidente, Litoral, Mediodía y otras publicaciones que abonaron el panorama creativo con experimentos conceptuales, ensoñaciones románticas y recreaciones de la tradición popular.
Los libros de los escritores que se abrían camino en una España que huía de telarañas decimonónicas también ocupan un lugar preponderante. Los ejemplares de unas obras que buscaban el debate intelectual y el intercambio de palabras se repiten en la muestra. El obispo leproso, de Gabriel Miró; un libro de César M. Arconada sobre Debussy; El jardín de los frailes, de Azaña; El alba del alhelí, de Alberti; un sainete en tres actos de Azorín; Enemigo que huye, de José Bergamín, o Ámbito, de Aleixandre. Son escalones de un edificio que acercaba a España a los países más prósperos de Europa.
La música tuvo una relación inextricable con ese universo que fundía talento juvenil con la obra asentada de la Generación del 98. Partituras de Manuel de Falla y Adolfo Salazar entablan diálogo con las propuestas musicales de Ernesto y Rodolfo Halffter. La obra plástica de artistas como Manuel Ángeles Ortiz, Salvador Dalí, Gregorio Prieto, Benjamín Palencia o Ramón Gaya se une a los dibujos de Lorca. Y el cine, el arte del siglo XX que amaron muchos poetas del 27, deja un poso de su riqueza con algunos fragmentos.
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/27/leyenda/elpepiespand/20100319elpand_13/Tes?print=1
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