viernes, 25 de febrero de 2011

Lorca y Dalí, una adoración mutua... y contradictoria Una exposición evoca los altibajos de la amistad entre el poeta y el pintor

ÁNGELES GARCÍA - Madrid - 22/09/2010

El big bang de la amistad de los dos genios habría que situarlo en el otoño de 1922. Federico García Lorca y Salvador Dalí vivían en la Residencia de Estudiantes y durante ocho años mantuvieron una amistad llena de experiencias artísticas que les llevó a lo más alto de la vanguardia europea. Con una adoración mutua salpicada de altibajos, se entregaron a su respectiva obra con la vista puesta en el otro. En torno a ellos, todo un mundo de modernidad en el que ellos marcaban las pautas.

CaixaForum Madrid reconstruye los vericuetos de esta relación en una exposición conformada por un centenar de cuadros y numerosos documentos escritos. Una película inédita de 35 minutos, filmada por Manuel Gutiérrez Aragón, recrea la peculiar historia de esta amistad a través de las cartas que se intercambiaron los dos personajes.

Comisariada por Juan José Lahuerta, la exposición, patrocinada por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (SEACEX), intenta contar cómo esa relación repercutió en la obra del pintor y en la del poeta. Durante aquellos ocho años, su afán de modernidad y de trascendencia les lleva a viajar por todos los ismos de la época: cubismo, futurismo, surrealismo... el ambiente intelectual y experimental de la Residencia adquiere un protagonismo fundamental en la exposición.

El impacto de uno en el otro queda fuera de toda duda: también sus consecuencias creativas, ya que Lorca dedicó a su amigo su Oda a Salvador Dalí y este se inspiró en el poeta para su San Sebastián. La exposición recoge también proyectos que finalmente resultaron fallidos, como El cuaderno de los putrefactos (así llamaban a los artistas tradicionales) o el Manifest groc (en el que García Lorca renunció a participar).

La inmersión en la relación artística de estas dos fuerzas creadoras arranca con una galería de retratos y autorretratos de los miembros de la Residencia más vinculados a Lorca y Dalí, como por ejemplo los dibujos que se dedicaron mutuamente. Se cuenta también lo que cada uno de ellos había realizado antes de entrar en la órbita de la Residencia: Lorca se relacionaba ya con las artes plásticas a través del teatro y de la música y había estrenado ya su primera obra teatral, El maleficio de la mariposa, con figurines del pintor Rafael Barradas, uno de los grandes artistas del momento. Dalí había llegado a Madrid para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, pero poseía ya un profundo conocimiento de la pintura y tenía en su punto de mira convertirse en el centro de la modernidad.

La aproximación al mundo canalla y de la noche une a Lorca y a Dalí en cuadros poblados por personajes marineros o mujeres solas. Pero la unión es solo aparente porque cada uno tiene formas de aproximación radicalmente diferentes. Mientras que Lorca lo hace con ternura cargada de lirismo, Dalí plasma su cruda visión en piezas como El marinero (1926).

Lo que hay que respetar del mundo clásico y lo esencialmente moderno es el tema de las cartas que ambos se intercambian durante los primeros años de su amistad. Cadaqués, primero, y París, después, son el centro geográfico de ese paraíso de todo lo nuevo. Picasso o Dérain son algunos de sus creadores clave.

Pero el acercamiento de Salvador Dalí al surrealismo de André Breton marca el comienzo del distanciamiento entre ambos artistas. Es el final de los años veinte y la objetividad que habían compartido se transforma en lo que ellos mismos llaman "subjetividad radical". Coinciden en su acercamiento a Miró, pero solo Dalí ensalza las obras de Jan Arp o Marx Ernst. Es el principio del final.


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Lorca/Dali/adoracion/mutua/contradictoria/elpepicul/20100922elpepicul_2/Tes?print=1

LUIS GARCÍA MONTERO Memoria revisada de García Lorca Volvamos a lo incontestable

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Volvamos/incontestable/elpepicul/20091219elpepicul_6/Tes?print=1

LUIS GARCÍA MONTERO 19/12/2009

"No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba". Es un verso de Rafael Alberti, de la Elegía a un poeta que no tuvo su muerte, dedicado a su amigo Federico García Lorca. Se publicó en el homenaje al poeta García Lorca contra su muerte, que preparó Emilio Prados con motivo del Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en 1937.

Rafael sintió hasta su vejez la idea de que era él, militante activo del Partido Comunista, quien debería haber muerto en la guerra. Pero se trataba de una culpa innecesaria. Como republicano, discípulo de Giner de los Ríos, director de La Barraca, defensor público del Frente Popular y voz crítica de la peor burguesía de España, el autor de Mariana Pineda tenía motivos de sobra para ser ejecutado sin juicio por los militares rebeldes de 1936.

Cuando mi amigo Andrés Soria Olmedo me encargó en 1986, a los 50 años de la muerte del poeta, una edición facsímil del homenaje antifascista preparado por Emilio Prados en plena Guerra Civil, empecé a estudiar las repercusiones nacionales e internacionales del asesinato de García Lorca. Es una investigación inacabable, porque las bibliotecas y las librerías de viejo todavía me dan sorpresas. Miles de publicaciones y numerosas ciudades del mundo denunciaron los acontecimientos granadinos y la vileza del llamado Ejército nacional. Y siempre con un sentido predominante: Federico García Lorca representa a todas las víctimas de la Guerra Civil española, a la dignidad y la libertad de cualquier ser humano agredido por cualquier violencia, cualquier represión, cualquier totalitarismo.

Una vez completadas las excavaciones en la fosa de Alfacar, sin la aparición de restos humanos, conviene que recordemos el verdadero significado de la muerte de García Lorca, para volver a lo que estuvo claro desde el principio. Olvidemos los rumores, las calumnias, las malas informaciones, los protagonismos mentirosos, las sugerencias equívocas, las mezquinas sospechas sobre la familia, las interpretaciones disparatadas, la audacia de los que están siempre seguros de todo sin saber nada de nada, y volvamos a lo incontestable. García Lorca fue ejecutado por el ejército franquista, entre Víznar y Alfacar, con la implicación de las más altas instancias militares, como uno más de los 5.000 republicanos granadinos que perdieron la vida en una de las represiones más crueles y desalmadas de la historia.

Aunque fuese un republicano más, García Lorca era también un poeta único, y por eso su muerte pasó a representar de forma inmediata el sufrimiento de las víctimas y la dignidad del ser humano contra la barbarie. En nombre de todos los asesinados, García Lorca está ahí, sigue ahí, unos metros más allá o más acá entre Víznar y Alfacar, rodeado de montañas, olivos y emociones históricas, en la fosa desconocida que le asignó el azar macabro de la muerte o los cálculos vergonzosos de los asesinos. Ésa es su significación, su realidad, su honrada leyenda.

Para estar a la altura de la leyenda y la realidad, no queda ahora otra salida que dignificar el parque, ampliarlo, llevarlo si es posible hasta la fosa común más conocida del terreno, defender un gran bosque dedicado a la Memoria Histórica, con la participación de arquitectos y escultores de fama internacional. Granada puede redefinir su identidad. Los que han sabido defender los derechos privados de algunas familias deben asumir también el valor de las causas públicas. Espero que la Junta de Andalucía y la Diputación inviertan dinero en la dignificación de aquel paraje. Y espero que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ponga en este empeño la misma energía que ha utilizado para abrir las fosas. Si ninguna víctimas de 1936 tuvo la muerte que le correspondía, es conveniente que todas tengan la tumba que merecen.

jueves, 17 de febrero de 2011

"Uno de los asesinos materiales de Lorca era un familiar directo suyo"

El investigador Miguel Caballero presenta el documental 'Lorca en África' en el Palacio de los Condes de Gabia mientras ultima un libro sobre las últimas 13 horas de vida del poeta de Fuente Vaqueros
G. Cappa / Granada | Actualizado 17.02.2011 - 08:05
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"De testimonios orales nada, yo trabajo a base de información documental, voy como una hormiga recopilando expedientes de unos y otros y situándolos para intentar cerrar el libro de Molina Fajardo, que dejó incompleta su investigación". Es el método de trabajo del historiador Miguel Caballero, que ayer estrenó en el Palacio de los Condes de Gabia el documental Lorca en África, que recoge imágenes en movimiento inéditas del autor de Poeta en Nueva York. El documental, que se enmarca dentro del proyecto de la Diputación Hoy, quizás, es la prolongación gráfica del libro del mismo título que Caballero presentó el año pasado.

"Estuvimos dos semanas rodando en Marruecos por los escenarios por los que se movieron Federico García Lorca y Fernando de los Ríos", explica Miguel Caballero. Es la crónica del viaje oficial a finales de 1931 del ministro de Instrucción Pública de la II República acompañado en calidad de secretario personal por el poeta de Fuente Vaqueros. "Esta es una de las aportaciones interesantes de este trabajo porque es la primera vez que se puede demostrar documentalmente que Lorca fue secretario de Fernando de los Ríos, tal y como apareció reflejado en la denuncia que dio lugar a su detención", explica el director, que estuvo acompañado en la presentación por la Diputada de Cultura, Asunción Pérez Cotarelo. En el rodaje, Caballero localizó unas imágenes de Lorca en movimiento bajando del barco en Ceuta, un material que pertenece a una familia cuyos miembros eran masones y tenían unos concesionarios de coches. "Era una familia pudiente que grabó el momento histórico en el que Fernando de los Ríos baja del barco y aparece Lorca de manera indirecta en el primer viaje oficial que hizo la República al protectorado español, un acontecimiento histórico", prosigue Caballero. "Pero la gran sorpresa ha sido la aparición de Lorca en las imágenes porque no se tenía conocimiento de su presencia en el Norte de África".

Un dato muy curioso de la cinta es que "demuestra que García Lorca y De los Ríos se alojaron en la residencia del general Cabanellas, uno de los militares que años después participó en el alzamiento", afirma Caballero, que también ha recopilado información que prueba que el poeta visitó a un primo hermano suyo que era farmacéutico en Tetúan y que falleció en 1938 como consecuencia de una sobredosis de morfina. Además, el viaje fue especialmente importante en la vida de Lorca porque se dedicó a visitar las comunidades sefardíes y la masonería local. En base a ese viaje hubo periodistas que le acusaron de ser representante del judaísmo, la masonería y el comunismo. "Por esto se le hizo el expediente para condenarlo a 30 años de cárcel por parte del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, papeles que están en en el Archivo de Salamanca", concluye.


http://www.granadahoy.com/article/cine/907457/natalie/portman/frente/oso.html

martes, 1 de febrero de 2011

El laboratorio de las vanguardias cumple 100 años

http://www.ideal.es/granada/v/20100816/cultura/laboratorio-vanguardias-cumple-anos-20100816.html
La Residencia de Estudiantes, baluarte del progreso educativo y cultural, llega al centenario con las miras puestas en el exterior
16.08.10 - 01:57 -
EDUARDO LAPORTE | MADRID.

En 1930, Luis Buñuel estrenaba en París 'La edad de oro', una corrosiva película que permaneció tan sólo seis días en cartel, con lleno de público. Fue retirada por presiones de grupos de extrema derecha que, escandalizados, destrozaron la sala durante una de las proyecciones. Fue una de las obras con las que este aragonés, ilustre huésped de la madrileña Residencia de Estudiantes, grabaría su nombre en la historia del cine. No sabía entonces que estaba contribuyendo al desarrollo de la particular edad de oro de ese centro creado por la Junta de Ampliación de Estudios, que nació a su vez como emanación de la Institución Libre de Enseñanza.
La Residencia, inaugurada el 1 de octubre de 1910 en sus instalaciones provisionales de la calle Fortuny, sería testigo y motor de un periodo de florecimiento en las artes que se ha conocido como la Edad de Plata y que el catedrático de Literatura José-Carlos Mainer ubica entre los años 1902 y 1939. Una Edad de Plata que sería de oro para la Residencia de Estudiantes, que recogió en aquel periodo los frutos de tres generaciones: la del 98, la del 14 y, especialmente, la del 27. Nombres como el de Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Emilio Prados, Rafael Alberti o José Moreno Villa (que vivió allí veinte años) quizá no significarían nada, sin la existencia de esa institución, que actuó como un auténtico laboratorio de las incipientes Vanguardias.
Con cien años, los mismos que cumple la Gran Vía de la capital de España, la 'Colina de los Chopos', como la bautizó Juan Ramón Jiménez, afronta la efemérides con la vista puesta en aquellos años florecientes, pero sin dejar de mirar hacia adelante. «No evitamos la prospectiva de futuro, no va a ser sólo un recordatorio del pasado», remarca Alicia Gómez-Navarro, directora del centro cultural. Uno de los propósitos para ese futuro es el de abrirse al exterior y colaborar con otras entidades como el Instituto Cervantes o el Colegio de México, con el que ya existe una estrecha relación. Con la programación sin cerrar del todo, se pretende reeditar el facsímil de la revista 'Residencia', que incluye conferencias de aquellas personalidades de primera fila que visitaron por entonces el 23 de la calle Pinar: Madame Curie, Einstein, Marinetti, Ravel, Blaise Cendrars, Chesterton, Bernard Shaw, H. G. Wells o Paul Valéry. También continuará la labor editorial, con los epistolarios de Juan Ramón y distintos audiolibros, y se programarán exposiciones relacionadas con los años fecundos de 'la Resi'. Una de ellas recreará la visita que hizo Le Corbusier a Madrid en 1928, y en la que ofreció dos conferencias en la Residencia que entonces dirigía con total dedicación Alberto Jiménez Fraud.
Cien años en los que este emblemático lugar ha pasado de creer en una «futura misión espiritual de España», como dijo el citado Jiménez Fraud, para convertirse, con el nuevo equipo que entró en 1986, en un centro que acoge a 23 becarios, en estancias cortas, y que organiza distintas actividades culturales. Cien años de vida de los que 26 fueron especialmente prodigiosos y que contribuyeron, como señala su actual directora, a la construcción europea. No en vano la UE les distinguió hace tres años el sello de Patrimonio Europeo, honor que comparten en España con el Monasterio de Yuste o el Archivo de la Corona de Aragón, y con la Abadía de Cluny o la Acrópolis de Atenas, fuera de nuestras fronteras.
Proyecto ambicioso
La Residencia de Estudiantes no se puede entender como un ente aislado, sino como parte de un proyecto educativo que buscaba la modernización sociocultural de España, del que este edificio era la punta de lanza. «La Residencia pretendía ser un proyecto piloto, un nuevo modelo educativo, universitario, a la manera de los 'colleges' de Oxford y Cambridge, y la idea era exportarlo a otras universidades», explica la actual directora, Alicia Gómez-Navarro. De parecida manera se expresa Álvaro Ribagorda, historiador de la Universidad Complutense y autor de una tesis doctoral sobre la Residencia. «Todo emana de la Junta para la Ampliación de Estudios, que es un macroorganismo para el desarrollo de la ciencia en España en el que la Residencia de Estudiantes no es sólo un colegio universitario, sino su escaparate más visible, al tener una mayor repercusión social que los laboratorios científicos», señala.
La Junta para la Ampliación de Estudios, hoy Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), heredera de la Institución Libre de Enseñanza, aglutinó en torno a ella espacios para la investigación como el Centro de Estudios Históricos o el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, en el que los pensionados iban y venían del extranjero como en los centros más punteros del resto de Europa. «Supuso la modernización de la ciencia hasta niveles insospechados, hasta que llegó el colapso de la guerra», asegura Gómez-Navarro.
Porque aquellos años promisorios iban a resultar, a la postre, efímeros, y todo el trabajo realizado, las bases sentadas en aquel proyecto de modernización, se derrumbarían con la llegada del franquismo. «Aquí no quedó ningún papel, no quedó nada, el edificio quedó totalmente devastado», se lamenta Gómez-Navarro. No obstante, no se produjo una liquidación física de las instalaciones que componían la Junta para la Ampliación de Estudios, sino que se reconvirtieron en el CSIC, una institución que, según el autor de la tesis sobre la Residencia, Ribagorda, se empleó durante el franquismo como plataforma ideológica y de adoctrinamiento. «Franco destruyó por completo la Residencia de Estudiantes, pero fue una jugada hábil, porque lo que hicieron fue suplantarla; después se difundieron una serie de calumnias sobre lo que había sido la Residencia y la Junta para la Ampliación de Estudios», sostiene Ribagorda.
La ciencia debería empezar de cero a partir de 1940, como comenta la directora actual del centro, ya que gran parte de los científicos se exiliaron, cuando no fueron depurados de sus puestos y sus cátedras. «Para todo el país fue una gran ruptura, pero para la ciencia, y esto es quizás menos conocido, fue brutal».
Encarna ese desolador mapa de posguerra, que recuerda al protagonista de 'Tiempo de silencio', impedido para la investigación científica por la falta de recursos, el primer director de la Residencia, Alberto Jiménez Fraud. Imbuido del espíritu reformista de Francisco Giner de los Ríos, Jiménez Fraud se entregó en cuerpo y alma a este proyecto educativo, pero no pudo ver culminada, ni mucho menos, la que fue la obra de toda su vida. «Salió de España habiéndolo perdido todo», dice Álvaro Ribagorda. Según el experto, Jiménez Fraud quedó a partir de entonces como una «figura marginal» al que invitaron las universidades de Oxford y Cambridge a dar clases y conferencias, pero cuya trayectoria quedó más que truncada. Murió en Ginebra el 23 de abril de 1964. Para recuperar el legado de la primera época de la Residencia, que es uno de los objetivos que se ensalzan en este centenario, se creó el Centro de Documentación, con especial incidencia en la Edad de Plata de la cultura española contemporánea.
Magma creativo
La vertiente científica de la Residencia, con su equipamiento de laboratorios como aporte a la escasez imperante en muchas de las facultades, tuvo, sin embargo, menos repercusión que la artística o cultural. Porque en esa 'Colina de los Chopos' coincidieron personalidades que, de un modo simbiótico, llegarían a convertirse en los artistas españoles más reputados del siglo XX. Luis Buñuel en 1917, Lorca en 1919 y Dalí en 1921 fueron los creadores más destacados y fecundos que ingresaron en aquella Residencia rodeada entonces por una enorme extensión de campos de trigo, al norte de Madrid.
Pese a la fama de lugar selecto y poco menos que elitista, las habitaciones de 'la Resi' acogían sobre todo a hijos de familias de clase media. Lo recordaba Pepín Bello, testigo de excepción de aquel magma creativo, en 'Conversaciones con Pepín Bello'. «No eran hijos de gente rica, como mucha gente cree. Lo que había era mucho orden, mucha limpieza, mucha disciplina, mucha educación pero no era un lugar caro en absoluto. Estaba subvencionado por el Estado. Era público», matizaba el longevo Bello un año antes de su muerte, en 2007. ¿Cómo era aquella Residencia?, le preguntan a este conocido «artista sin obra», en definición de Enrique Vila-Matas. «Se caracterizaba por el buen gusto, la libertad absoluta, el buen tono y la sencillez extrema, heredada de la Institución Libre de Enseñanza». Unas condiciones para el desarrollo de los diversos talentos que sus residentes demostraron eficaces con su legado posterior, ya inmortal. El poeta José Moreno Villa cogió tanto gusto a esa interinidad que permaneció durante veinte años, hasta que no tuvo más remedio que abandonar la Residencia, en noviembre de 1936. Ponía fin, con su salida, a toda una época: «Yo trabajé hasta el último momento, mientras encima de mi cuarto luchaban los aviones defensores de Madrid contra alemanes e italianos».

lunes, 31 de enero de 2011

Medio pan y un libro.









Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

miércoles, 26 de enero de 2011

De un García Lorca desconocido


Dos investigadores publican 'Federico García Lorca y Uruguay (pasajes, homenajes, polémicas)', un libro en torno a la visita del poeta al país latinoamericano y todas las anécdotas en las que fue el centro de atención
Jesús Arias/granada | Actualizado 25.01.2011 - 05:00


1. Madrid, comienzos de los años 20. Ante la puerta de un café se hacen una foto el pintor Rafael Barradas y Federico García Lorca, que están sentado. Por detrás de ellos aparecen Benjamín Jarnés, Huberto Pérez de la Osa y Luis Buñuel 2. Homenaje a Rafael Barradas en el cementerio de Montevideo. En él están presentes, entre otros, Julio José Casal, Sarah Bollo, Enrique Díez-Canedo, José Mora Guarnido, Antonio Ignacio Barradas, García Lorca o Emilio Oribe. 3. Febrero de 1934. Federico se encuentra acompañado por Enrique Amorim y otros amigos 4. Lorca, feliz, saluda a la cámara en una residencia de Montevideo.

En 1934, animado por los ecos del éxito de sus obras que desde allí llegaban hasta España, Federico García Lorca decidió tomar un barco y viajar hasta Uruguay, en donde fue recibido con todo tipo de agasajos y honores. El poeta granadino descubrió entonces las dimensiones internacionales de su obra y la repercusión que tenían, tanto como él, al otro lado del Atlántico. Fue un viaje sobre el que se ha pasado de puntillas en las biografías de Lorca, pero que marcó profundamente al poeta. Ahora, dos investigadores uruguayos, Pablo Rocca y Eduardo Roland, han decidido seguir los pasos del granadino y publicar el libro Federico García Lorca y Uruguay (Pasajes, homenajes, polémicas) (editorial Alcalá), que revela algunos de los elementos más desconocidos de la estancia del poeta.

La idea de escribir el poema surgió por "gusto, por afición al tema", comenta Pablo Rocca. "Y antes que otra cosa, por la necesidad de establecer una mirada que diera un giro a las perspectivas excesivamente centradas en la figura del poeta en su pasaje por el Río de la Plata y, en última instancia, algo desdeñosas de las tensiones y problemas culturales y políticos propios del Río de la Plata o, más específicamente, uruguayos".

"También", añade, "porque la relevancia que adquirió la poesía y el teatro de Lorca en Montevideo fue tal que, como tratamos de demostrarlo, su difusión y apología fue paralela a la que se gestó en España. O aun más intensa".

La relación de Lorca con Uruguay se gestó gracias el cónsul uruguayo Julio José Casal, que en los años veinte publicó en su revista Alfar poemas de Lorca, Salinas, Aleixandre, Alberti y muchos ignorados poetas nuevos.

"José Mora Guarnido", relata Rocca, "uno de los primeros amigos firmes de García Lorca cuando éste llegó a Granada, se había establecido en la capital uruguaya, donde permaneció hasta su muerte. En Montevideo, ya hacia 1924, defendía y promovía a su amigo con sincera admiración y excelente oído crítico en las publicaciones periódicas de mayor difusión entre las minorías del campo literario local".

Federico García Lorca tuvo un gran impacto con su presencia en la capital uruguaya. Rocca señala: "No hubo una sola repercusión, sino muchas. Varios capítulos del volumen se encargan de documentar lo que se podría resumir así: por un lado, las coincidencias y los contrastes en los círculos intelectuales, especialmente entre los escritores, desde los ya consagrados (caso de Juana de Ibarbourou o aun de Carlos Reyles) hasta los que se atrevieron a acercársele por vínculos amistosos previos o contactos fluidos (Emilio Oribe, Alfredo Mario Ferreiro o el fundamental Enrique Amorim). Por otro, los círculos sociales más encumbrados y aun los gubernamentales lo agasajaron".

"Según Amorim", añade el investigador, el público popular lo reconocía en la calle dada la enorme cobertura de prensa que insistía en publicar su imagen, como también se documenta en este libro por primera vez, en la mayoría de los casos." Hay también otra razón: "La extrema relevancia del teatro de Lorca, que no cesó de representarse hasta hoy por un número abrumador de compañías oficiales y privadas.

En la portada del libro, se dice que "nuevas y reveladoras informaciones desconocidas sobre Federico". Pablo Rocca quiere adelantar una de ellas. "García Lorca, sin quererlo, entró en los enfrentamientos de la colectividad española en Uruguay, entonces numerosísima. El embajador de España, que era el intelectual don Enrique Díez-Canedo, viejo amigo de la familia del poeta, le reclamó su presencia en Montevideo para contrarrestar, quizá, las duras críticas de que era objeto por parte de algunos sectores políticos, en el caldeado clima que la República Española de 1934 reproducía, a su manera, en otros territorios."

"Las consecuencias de este apoyo de Lorca a Díez-Canedo fueron feroces y críticas a su persona y sus posiciones políticas desde el campo anarquista-socialista de los españoles-uruguayos", explica Rocca. Hasta el punto en que un cronista lo definió como "seductor de señoritas".

Pese a todo ello, "García Lorca estaba en una etapa creativa en que el vínculo entre el signo (la escritura) y el referente (el mundo concreto) se diluía". "En lo que respecta a su prestigio", añade Rocca, "su conocimiento aun fuera de las limitadas fronteras de un país pequeño pero que, entonces, tenía cierta fuerza de promoción, sin dudas que el pasaje por el Río de la Plata (más por Argentina que por Uruguay, es claro), fue decisivo para afirmar la imagen de Lorca como poeta, dramaturgo y conferenciante".

En Uruguay, Lorca habló largo y tendido de un nuevo libro suyo de poemas que estaba escribiendo y que resultaría ser Poeta en Nueva York, una obra entonces desconocida. Y fue precisamente en Uruguay donde muchos comenzaron a hablar del libro lorquiano.

"Quien hace referencia a esa larga conversación fue el poeta Alfredo Mario Ferreiro, locuaz él mismo, dueño de una escritura caudalosa y proverbial", señala Pablo Rocca. "Pero se limita a su testimonio último sobre Lorca, aparecido en 1945. Nada más se sabe por boca de otros".

¿Cuál es el impacto que Federico García Lorca y su obra tienen hoy en Uruguay? ¿Influye en los autores y poetas de Montevideo? "Quizás la palabra 'impacto' no se adecue a la influencia de la obra y la figura de Lorca en el Uruguay del siglo XXI", comenta por su lado el otro autor del libro, Eduardo Roland. "Impacto causaron sin duda tanto su poesía como su teatro en el ambiente artístico e intelectual del Uruguay de los años 30 que tuvo la dicha de conocerlo en persona. A partir de allí, y por algunos años más, sus creaciones realmente subyugaron a las mentes más abiertas y sensibles. En la actualidad, la figura de Federico se mantiene muy viva en la memoria cultural uruguaya a la vez que moderadamente va captando la atención de las nuevas generaciones de lectores. Esa presencia se plasma de múltiples maneras, desde la figuración de parte de su obra en los programas de literatura de enseñanza secundaria hasta en la actual edificación de un gran centro cultural en el barrio Pocitos de Montevideo, que llevará su nombre y en parte estará dedicado a difundir su legado artístico".

"Pero si en una zona la memoria de Lorca se mantiene siempre viva es en el mundo del teatro", agrega. "En gran parte por la incidencia que tuvo Margarita Xirgu en varias generaciones de actores, dramaturgos y público. Recordemos que 'la actriz de Lorca' eligió Uruguay como destino definitivo para vivir y desarrollar su profesión. No hay temporada teatral en que no se ponga en escena una pieza lorquiana. Por otra parte, parece evidente a estas alturas que a ningún poeta se le va a ocurrir imitar a Lorca, cosa que sí sucedió 'masivamente' en las décadas del 30 y 40".

Una de las personas que más vinculadas estuvieron a García Lorca en España fue el pintor uruguayo Rafael Barradas, que vivió en Barcelona y Madrid y que mantuvo muchos contactos con el poeta. Barradas murió de tuberculosis y, en Uruguay, Lorca quiso ir a visitar su tumba y rendirle homenaje.

"La influencia de Barradas en Lorca no es algo sencillo de observar", dice Roland. "Tal vez no pueda hablarse de "influencia" como sí ejerció Barradas con claridad sobre la formación del mítico Alberto, el escultor toledano también amigo de Lorca".

"En todo caso", añade, "es seguro que Lorca sintió una marcada admiración por el pintor uruguayo, a quien trató con asiduidad en los cafés madrileños, en la Residencia de Estudiantes e incluso en el marco de reiteradas colaboraciones artísticas concretas".

"El talento innato", continúa Roland, "sumado a la actitud de constante búsqueda estética genuina de aquel artista que había tenido contacto directo con el futurismo italiano años de llegar a Madrid, fue un elemento que ejerció sobre Lorca una potente atracción. Otro factor que estoy seguro incidió (y hay pruebas de ello) es el hecho de que sintiendo a Barradas como un hermano artístico y deseando lo mejor para él, Lorca sufrió al constatar la pobreza material en que el pintor vivió su corta existencia".

"El contraste, por ejemplo", dice Eduardo Roland, entre la vida de Dalí y Barradas era ostensible. Ese tipo de cosas no pasaban desapercibidas a esa sensibilidad lorquiana tan propensa a sentir en carne propia la desdicha ajena. Entre las declaraciones iniciales que hizo Lorca en el primer reportaje que le hace un periodista argentino antes de desembarcar en Buenos Aires consta el recuerdo hacia el malogrado amigo: '¿Sabe usted en lo que pensaba en Montevideo [donde el barco que lo traía de Barcelona había realizado una fugaz escala] mientras los fotógrafos me enfocaban y los periodistas me hacían preguntas?... Pues en Barradas, el gran pintor uruguayo a quien uruguayos y españoles hemos dejado morir de hambre…".

¿Y qué es lo que más impactó a Lorca de su estancia en Uruguay? Roland responde: "Lo primero que expresa de manera enfática es la fuerte y grata impresión que le da el encontrarse con una ciudad (Montevideo) que da al mar, quizá por oposición a Buenos Aires que, se desarrolló de espaldas al río (en Buenos Aires tratan al estuario del Plata como río y en Montevideo mayoritariamente como mar). Como se relata en el libro, los anfitriones del poeta lo primero que hacen una vez desembarcado es pasearlo en un automóvil por la rambla costanera que rodea parte importante de la ciudad. Así, el recién llegado se queda pasmado con el paisaje marino que tiene ante su vista".

"En cuanto al resto de los hechos que vivió en esas dos semanas uruguayas", indica Roland, "todo parece indicar que el poeta andaluz confirmó lo experimentado en la capital argentina: la cercanía cultural con sus colegas, la alta valoración de la amistad, la avidez del público por el teatro y la poesía, la mentalidad abierta de los artistas e intelectuales que conoció".

Uno de los misterios de Lorca en Uruguay es sobre si su voz podría haber sido grabada o registrada en alguna entrevista a alguna emisora, como pudo suceder durante su estancia en Argentina. ¿Podría haber testimonios sonoros de Lorca en Uruguay, algo que constituiría un auténtico hallazgo a nivel mundial?

"No existe ningún testimonio ni documento que indique que Lorca haya entrado en el estudio de una radio durante sus días montevideanos", responde tajante Eduardo Roland. "Por lo tanto, la única posibilidad (remota, por no decir imposible) que pudiera encontrarse en Uruguay un registro sonoro con su voz es que alguno de los discos de pasta y/o acetatos en los que fueron registradas las palabras de Lorca en dos emisoras de Buenos Aires (que son un hecho probado) hubiera sido traído por alguien a territorio uruguayo".

"Creo", añade el investigador, "que ya demasiado ha sido el aporte de Enrique Amorim, legando la única filmación que muestra en primer plano a Lorca en movimiento… Pero además, hay un elemento que no podemos pasar por alto, y es que las posibilidades de ese posible hallazgo se han reducido más aún, en el sentido de que ahora todo está condicionado a que el disco encontrado tenga una etiqueta aclaratoria o haya una mención en la grabación de que quien habla es Federico. Porque el paso del tiempo ha hecho que en el presente no haya ningún ser humano que pueda reconocer la voz del poeta".


http://www.granadahoy.com/article/ocio/888501/garcia/lorca/desconocido.html

miércoles, 19 de enero de 2011

"Un abrazo de vuestro hijo, Federico"



Las tarjetas postales cruzadas entre García Lorca, su familia y sus amigos completan el retrato del poeta - Una exposición y un libro sacan a la luz un millar de piezas

ÁNGELES GARCÍA - Madrid - 17/01/2011

"Federico. Te espero cada día. Tenemos que no hablar tanto juntos! Adiós, Dalí". El destinatario del breve y críptico mensaje es Federico García Lorca. El firmante, Salvador Dalí. El texto va escrito en el reverso de una tarjeta en la que se ve un atardecer en las playas de Cadaqués con la iglesia al fondo.

"Federico. Te espero cada día. Tenemos que no hablar tanto juntos! Adiós, Dalí". El destinatario del breve y críptico mensaje es Federico García Lorca. El firmante, Salvador Dalí. El texto va escrito en el reverso de una tarjeta en la que se ve un atardecer en las playas de Cadaqués con la iglesia al fondo. La postal está fechada en abril de 1927.

Sobre una imagen sepia de Pamplona, a finales de agosto de 1933, Federico escribe a su familia: "Queridísimos todos: desde Pamplona, os mando un abrazo. Aquí estamos teniendo un gran éxito. Hoy nos vamos a Jaca, donde estaremos dos días y, después, iremos a Huesca. Ya recibiréis cartas. Paquito, veo que estás haciendo un viaje estupendo. Seguís recibiendo postales de sitios raros. Este año ha sido pródigo en geografía postal. Abrazos y besos a todos de vuestro Federico". Más escueto se muestra Gerardo Diego, quien detrás de una imagen de Gijón dedica a Federico una sola palabra: "¡¡¡Sinvergüenza!!!".

Ahora ya casi nadie envía postales. El correo electrónico y los mensajes de móviles han acabado con ellas. Pero a comienzos del siglo pasado las postales eran la mejor forma de mandar un mensaje corto a conocidos, amigos o familiares.

Federico García Lorca, como la mayor parte de sus contemporáneos, no pudo sustraerse a la fascinación de comprar una postal de los lugares por los que pasaba. En un tiempo en el que aún no existía la televisión y los periódicos solo reproducían ilustraciones, era muy difícil no dejarse llevar por la tentación de compartir con los demás los descubrimientos hechos en pequeños o grandes viajes. El espacio en blanco de la parte posterior permitía dar noticias escuetas o hacer breves comentarios de los más sorprendentes asuntos. Depende del destinatario y grado de confianza.

Un millar de imágenes, escogidas por el fotógrafo Martin Parr entre el ingente material que custodian las fundaciones García Lorca y De los Ríos, se muestra en la exposición Geografía postal, que hoy se abre en Aranjuez, en la sede de la Obra Social de Caja Madrid y que después itinerará por otras ciudades españolas. Son postales escritas, enviadas y recibidas, dibujadas y coleccionadas entre los años 1910 y 1960; unas décadas en las que estas dos familias no dejan pasar casi ni un día sin ponerse una postal. Es un material recogido también en forma de libro (publicado por This Side Up Editorial) que da cuenta de una colección con testimonios inestimables de la obra de Federico, sus amistades, la guerra, el exilio, los viajes y las relaciones fraternales de dos familias que son todo un símbolo para España.

Martin Parr, fotógrafo de la agencia Magnum y gran coleccionista, recuerda que la postal fue uno de los grandes inventos de la comunicación de comienzos del siglo XX. "Elegir una imagen para enviársela a un amigo o a un pariente con un breve texto al dorso, parecía un acto inocente", escribe. "Sin embargo, ambas cosas, la elección y nuestras palabras, acaban por definirnos".

El escritor Enrique Vila-Matas confiesa en el libro que las tarjetas postales son una de sus debilidades. Coleccionista entregado, considera que son un "fichero mental" del que emergen arquetipos o fantasmas milenarios y que puede ser considerado un museo de la huella humana.

En el caso de Federico García Lorca y su entorno, la huella da cuenta de sus relaciones, vivencias y descubrimientos. Escoger entre tanto material es difícil. Martin Parr reconoce que esta maravillosa colección de postales ha sido una tarea complicada y "estimulante". Además de las divertidas tarjetas que se intercambian Lorca, Salvador y Ana María Dalí en un tono descarado y provocador, hay muchas tarjetas que dan cuenta de las preocupaciones domésticas de la familia. Para el comisario, lo mejor de la exposición es la sucesión de imágenes contenidas en las tarjetas: un avión de la TWA en pleno vuelo, un volcán en erupción o un hotel modernista neoyorquino junto a una iconografía más local, como los coloreados retratos de vírgenes, escenas rurales o plazas castellanas presididas por fuentes de un solo chorro.

Ordenadas cronológicamente, las tarjetas expuestas permiten seguir los movimientos familiares y unos mensajes que, en general, no iban protegidos con sobres. La privacidad era escasa.

Mientras Francisco García Lorca vive en París, envía numerosas postales a su hermano Federico. Con la torre Eiffel al fondo, en abril de 1924 escribe: "Federico: hace días te escribí otra carta que no sé si habrás recibido porque no llevaba franqueo suficiente (han subido). Ahí va esa acusando señales de vida y de salud. El día 2 (mi día) espero carta tuya. ¡Nada! Van tres meses que no tengo de ti la menor noticia. Yo escribo poco, pero tú mucho menos. Si no escribes, no vuelvo a acusar señales ni de vida. Paco". También desde París, el pintor Benjamín Palencia escribe a Federico en 1927. "No te puedes imaginar lo interesante que es esto. He visto mucha pintura moderna y entre todo Picasso, Matisse, Derain y Braque son los que más me han gustado".

Otro pintor, Manuel Ángeles Ortiz, reclama la atención de Federico desde París con un lenguaje que al escritor le incomoda: "Querido Federico: ya veo que tus propósitos de escribirme se desvanecieron al mismo tiempo que yo me desvanecí aunque esto ya lo sospechaba yo y no por eso he de dejar de enviarte mis recuerdos. Aquí he conocido a Bores y a Benjamín Palencia con su primo, esa especie de animal imbécil y de Zoroastro (en cuanto a Kultura) que tiene por primo; este dice ser muy amigo tullo [sic] pero ¿!!!Es posible!!!? Benjamín me parece un tontaina apaciguado, aún no he visto lo que hace, y muy amigo de Juan Ramón Jiménez... ¿Que el escribirte de esta manera te pone muy nervioso? No hagas caso".

El tono de Federico es siempre cariñoso, especialmente con su familia. En una postal de la Feria de Abril sevillana de 1935, les cuenta: "El lunes me iré. Ya he aprovechado ver la feria, que no conocía. Lo he pasado muy bien y Sevilla está hermosísima. Un abrazo de vuestro hijo, Federico".

La correspondencia postal afecta también a los encargos profesionales: Buñuel le reclama participar en sus obras, otros le piden nuevas piezas teatrales o su opinión sobre cualquier acontecimiento político o cotidiano. Es un trasiego de noticias cuyo anverso da cuenta de los cambios más fantásticos ocurridos a principios del siglo pasado.


http://www.elpais.com/articulo/cultura/abrazo/hijo/Federico/elpepicul/20110117elpepicul_1/Tes?print=1